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Sus
síntomas más frecuentes suelen ser
tensión muscular, manos frías y
sudorosas, dolor de cabeza, dolor de garganta,
disminución de la energía, contracturas,
gastritis y úlceras, falta de memoria y
de concentración, aislamiento y depresión,
ansiedad, insomnio, irritabilidad y nerviosismo.
El tratamiento del estrés es multidisciplinario
y personalizado. Es el médico de cabecera
quien mejor puede orientar al paciente. Desde
el punto de vista físico, el estrés
es un shock inmunológico, por ello es fundamental
el descanso, las caminatas, la meditación,
el yoga.
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