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La
gripe afecta principalmente a los niños
menores de 5 años y a adultos mayores de
65, enfermos crónicos y personas con alteraciones
en el sistema inmunológico.
Sus síntomas más frecuentes son
fiebres altas –38º o más–,
dolor de cabeza, decaimiento, tos, congestión
nasal, dolores musculares, y en los niños,
náuseas, vómitos, y diarrea.
Una de las medidas más eficaces de prevención
es la aplicación anual de la vacuna antes
del comienzo del invierno. Esta medida es especialmente
recomendable en adultos mayores de 65 años,
personas con enfermedades crónicas –diabéticos,
cardíacos y pulmonares– y con alteraciones
en el sistema inmunológico.
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