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Esta
dilatación provoca serias dificultades
para mantener la dirección de la corriente
sanguínea, invirtiéndola en relación
a lo que se considera normal.
No se ha identificado una causa única que
produzca esta enfermedad pero suele existir una
predisposición genética. También
son producto de factores que predisponen al cuerpo
a generar insuficiencia venosa y várices,
como el estar de pie demasiado tiempo, el sobrepeso,
el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol
y tabaco y, sobre todo, la acción de las
hormonas femeninas.
Para prevenirlas, se recomienda hacer ejercicio,
no permanecer sentado por mucho tiempo, elevar
las piernas cuando esté descansando, cambiar
frecuentemente de posición cuando se está
parado o sentado, evitar el exceso de frío
o calor, evitar el uso de ropa ajustada, utilizar
zapatos cómodos, y mantener una dieta sana.
Los métodos más difundidos de tratamiento
son las inyecciones esclerosantes y la cirugía.
Dado que se trata de una enfermedad evolutiva
y progresiva, es aconsejable una consulta anual
de control una vez concluido el tratamiento.
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