Aníbal Ponce
Contra la neutralidad escolar
En la tradición
de la reforma universitaria y, particularmente, al calor de la revolución
rusa de 1917, Aníbal Ponce (1898-1938) fraguó su ideario
educativo y generó los ensayos más críticos de
su generación. Discípulo de José Ingenieros,
fue crítico literario, conferencista, activo propagandista
por aquello de que el intelectual tiene el deber de comprometer su
inteligencia con las necesidades de su tiempo. Por su temprana adhesión
al comunismo, tras su visita a la entonces Unión Soviética,
fue exonerado de su cargo como docente y debió emigrar a México,
donde finalmente murió en un accidente automovilístico.
Entre sus obras más difundidas se cuenta "La vejez de
Sarmiento", libro por el cual recibió el Primer Premio
Municipal de Literatura. También publicó "Ambición
y angustia de los adolescentes", "De Erasmo a Romain Rolland",
entre otros trabajos.
En el campo educativo latinoamericano, la figura de Ponce ocupa un
lugar destacado por ser la expresión más acabada de
una pedagogía de izquierda, una línea que continuarán,
con sus particularidades y diferencias, desde Iván Illich a
Paulo Freire. Más allá de artículos y breves
ensayos, su obra clásica es "Educación y lucha
de clases", donde el autor reconstruye -desde una perspectiva
marxista- la historia de la educación desde la comunidad primitiva,
pasando por el hombre antiguo, feudal y burgués, hasta llegar
a la denominada "nueva educación". Precisamente,
en relación con la llamada "escuela activa", Ponce
despliega una dura polémica con aquellos que -proponiendo una
educación participativa, basada en la experiencia, racional-
no serían consecuentes con su planteo. En otras palabras, Ponce
denuncia las limitaciones que, a su juicio, pueden advertirse en las
propuestas renovadoras de los pedagogos modernos como María
Montessori, a quien califica de "patética señora".
Ponce continúa la matriz racional iluminista de la generación
del ochenta -recordemos los enfrentamientos entre los liberales y
los católicos en torno a la Ley 1420, de educación pública-
y al mismo tiempo propone su superación al delinear la emergencia
de una educación proletaria.
Hemos seleccionado un fragmento de "Educación...",
en el cual el autor arremete contra la supuesta neutralidad escolar.
Para Ponce, tal neutralidad es una coartada para presentar como naturales,
dados de una vez para siempre, ideas y contenidos que se reproducen
en la escuela y que, lejos de ser neutrales, fueron históricamente
producidos por las clases dominantes. La "nueva educación"
(fragmento)"Sería un crimen contra el sagrado misterio
del alma infantil -se dice- llevar hasta ella nuestras preocupaciones
y nuestros odios". Y mientras hasta en el más escondido
rincón de la sociedad capitalista todo está construido
y calculado para servir a los intereses de la burguesía, el
pedagogo pequeño burgués cree que pone a salvo el alma
de los niños porque en las horas que pasa por la escuela se
esfuerza en ocultarle ese mundo tras de una espesa cortina de humo.
¿No están, sin embargo, los intereses de la burguesía
en los textos que el niño estudia, en la moral que se le inculca,
en la historia que se le enseña?
La llamada "neutralidad escolar" sólo tiene por objeto
sustraer al niño de la verdadera realidad social: la realidad
de las luchas de clase y de la explotación capitalista, capciosa
"neutralidad escolar" que durante mucho tiempo sirvió
a la burguesía para disimular mejor sus fundamentos y defender
así sus intereses.
Para un niño que asiste a cualquiera de nuestras escuelas,
¿cuál es, por ejemplo, la causa de la desocupación?
Si reúne las mil "explicaciones" que ha recibido
a través de las fábulas, "lecturas libres",
conversaciones de moral, etc., llegará a estas conclusiones.
No tienen trabajo: 1) los obreros que no quieren trabajar, 2) los
malos obreros, 3) los que no conocen bien su oficio, 4) los que están
siempre descontentos con el patrón, 5) los que se dan al alcoholismo...
Cada lección de literatura, o de derecho, de sociología
o de economía, ¿no concurre a demostrar con insistencia
infatigable que es necesario, absolutamente necesario, que subsista
y se afiance la sociedad capitalista? Las horas que el niño
pasa en la escuela sólo significan, además, un momento
de su vida, y sería ridículo creer que ni en el mejor
de los casos podrían contrarrestar la enseñanza infinitamente
más tenaz y organizada de la calle, del hogar, del cine, de
la radio, del teatro, de la prensa.Aníbal Ponce, Educación
y lucha de clases, Bs.As., El Viento en el Mundo, 1972.