José
Carlos Mariátegui
Alfabetizar no es educar
José
Carlos Mariátegui (1894-1930) no fue un pedagogo. Ni siquiera
desarrolló estudios superiores, ya que se matriculó
en la Universidad de Lima pero sólo para seguir un curso de
latín. Se definió como un "extrauniversitario"
o, mejor aún, como un "anti-universitario". Sin embargo
-o por eso mismo- se constituyó en sus apenas 35 años
de vida en el intelectual más importante del Perú y
uno de los más originales de Latinoamérica.
Fue periodista, militante político, activo participante del
movimiento de la reforma universitaria peruana y, sobre todo, un pensador
que procuró examinar la realidad peruana desde una perspectiva
opuesta a la dominante.
Bajo la influencia de Frederic Nietzsche y Georg Simmel, pero esencialmente
desde una sólida formación marxista, Mariátegui
compuso su obra más importante: "Siete ensayos de interpretación
de la realidad peruana" (1928), en los que desmontaría
la realidad de su país para develar las causas económicas,
sociales y políticas de una sociedad que, en las primeras décadas
del siglo pasado, estaba dominada por una burguesía naciente
y una rancia aristocracia terrateniente, mientras los dos tercios
de su población indígena continuaba -como desde la Colonia-
sometida a la mayor pobreza y marginación.
"El proceso de la instrucción pública" forma
parte de esos ensayos. Allí, Mariátegui pasa revista
a las tradiciones que conformaron el sistema educativo peruano: la
española, la francesa y la estadounidense. Constata que "la
herencia española o colonial no consistía en un método
pedagógico sino en un régimen económico-social.
La influencia francesa se insertó, más tarde, en este
cuadro, con la complacencia así de quienes miraban en Francia
la patria de la libertad jacobina y republicana como de quienes se
inspiraban en el pensamiento y la práctica de la restauración.
La influencia norteamericana se impuso finalmente, como una consecuencia
de nuestro desarrollo capitalista al mismo tiempo que de la importación
de capitales, técnicos e ideas yanquis".
En esas páginas también analiza la revuelta estudiantil
que conmovió a la casta profesoral universitaria, apenas un
año después de haberse producido el movimiento reformista
de Córdoba de 1918. En su análisis considera no sólo
el aspecto más progresivo de un movimiento que postulaba la
cátedra paralela y la participación estudiantil en el
gobierno universitario, entre otros puntos, sino también sus
limitaciones, en particular la ausencia de un programa claro de transformaciones
políticas de mayor alcance.
Finalmente, en el proceso que Mariátegui abre a la instrucción
pública peruana, apunta como el más grave problema del
Perú el del analfabetismo indígena. El autor señala
que el Estado no consigue "difundir la escuela en todo el territorio
de la República". En otras palabras, los dos tercios de
la población están fuera del sistema educativo. Entre
las causas de esta crisis enumera la insuficiencia presupuestaria
y la inestabilidad del trabajo de los docentes que estaban sujetos
a la arbitrariedad del caciquismo local.
Pero el aporte más significativo de la reflexión de
Mariátegui reside en su tesis sobre la cuestión de la
educación popular indígena. "El problema del analfabetismo
del indio -señala- resulta ser, en fin, un problema mucho mayor,
que desborda del restringido marco de un plan meramente pedagógico.
Cada día se comprueba más -señala- que alfabetizar
no es educar. La escuela elemental no redime moral y socialmente al
indio. El primer paso real hacia su redención, tiene que ser
abolir su servidumbre".
Si bien remite al Perú de principios del siglo pasado, estas
conclusiones pueden ser traspuestas a nuestro presente latinoamericano.
Por caso, pueden contraponerse a las actuales discusiones sobre alfabetización
-sin ir más lejos, el promocionado plan del gobierno nacional-
e incluso a los debates en torno a la educación popular que
llevan adelante organizaciones populares que creen resolver el problema
conformando escuelas paralelas y más o menos autogestivas.
No es un problema educativo, dice José Carlos Mariátegui.
O, dicho de otro modo, no es meramente un problema educativo. La dimensión
educativa del problema no debería hacernos perder de vista
su naturaleza social y económica. Alfabetizar supone, como
primera tarea, transformar las condiciones de vida -de sobrevida -
de los sectores populares.
A más de medio siglo, cuando el campo educativo parece hegemonizado
por tecnócratas para quienes todos las cuestiones se reducen
a problemas disciplinares o de contenidos, este ensayo del peruano
Mariátegui todavía sigue siendo revulsivo. Y, sobre
todo, orientador.