Mariano Moreno
Si los pueblos no se ilustran

Cuando viaja a Chuquisaca, en el Alto Perú, las esperanzas familiares estaban cifradas en que el joven brillante que se había destacado en el Colegio de San Carlos -donde "las lecciones se reducen a formar teólogos intolerantes", según describiría su hermano tiempo después- y que había fatigado la biblioteca del Convento de San Francisco, se consagraría al sacerdocio.
Pero la ciudad de Potosí, cercana a la universidad, le revela un escenario que no había reconocido en los libros: la injusticia y arbitrariedad de la política imperial española. Abandona su destino eclesiástico y abraza la carrera de Derecho en la que se doctoró con una tesis titulada "Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios", donde denunciará ante las autoridades coloniales que “Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir a unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en las tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas”.
De Chuquisaca a Buenos Aires, el que regresa será otro. En pocos meses -de mayo a diciembre de 1810- se convertirá en uno de los "jacobinos" de la Revolución de Mayo. Hablamos de Mariano Moreno (1778-1811).
La empresa política de Moreno puede leerse en aquella disertación, en la "Representación de los Hacendados" -contra el monopolio español-, en el "Decreto de la Supresión de Honores" -que le ganaría la animadversión de los conservadores saavedristas-, en el prólogo a "El contrato social" de Juan Jacobo Rousseau, en los artículos incisivos de la Gazeta de Buenos Aires y en el "Plan de Operaciones", una suerte de instructivo para la toma del poder.
Pero, en esos textos y en cartas a familiares y amigos, Moreno desplegaría también un ideario educativo que no era ajeno a su intervención revolucionaria. Al contrario, formaba parte del mismo proyecto. Como otros hombres de su generación, reconocía el lugar estratégico de la escuela pública para formar ciudadanos ilustrados y libres, para impulsar una cultura que abandonara el despotismo y oscurantismo de los tiempos coloniales, para desplegar en toda su potencialidad las fuerzas sociales que la Revolución de Mayo había desencadenado.
No se trata, claro está, de una reflexión sistemática sobre la educación. Con todo, Mariano Moreno llevó adelante una verdadera política cultural que se expresó en la creación de un periódico de ideas, en la divulgación de la obra de los pensadores revolucionarios franceses y en la promoción de la escuela con fondos públicos.
Para aproximarse a algunos de sus planteos, seleccionamos algunos fragmentos -dispersos en distintos escritos- donde Moreno lanza una orientación para el fomento de la educación de un pueblo libre.
"En esta virtud, luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado para la fomentación de las artes, la agricultura, navegación, etcétera, producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que se necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan; pero como esta materia no sea de este tratado, paso a exponer los medios que deben adoptarse para el aumento de los fondos públicos. "“La variación presente no debe limitarse a suplantar a los funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora se ha desconocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, citar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos, y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye al trabajo, si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendad en sus manos". “...no hay nada más digno de la función de los magistrados que promover por todos los medios la mejora de la educación pública”. “El oficial de nuestro ejército, después de deslumbrar a nuestro enemigo por su valor, debe ganar a los pueblos para el irresistible atractivo de su instrucción. El que se encuentre desnudo de estas cualidades, redoble sus esfuerzos para adquirirlas y no se avergüence ante una dócil resignación a la enseñanza que se le ofrece, pues en un pueblo naciente todos somos principiantes. No hay otra diferencia que la de nuestros buenos deseos. El que no sienta los estímulos de la noble ambición de saber y distinguirse de su carrera, abandónela con tiempo y no se exponga al seguro bochorno de ser arrojado con la ignominia”. “...el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, el honor de éstos interesa al que todos conozcan la exaltación con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que a sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal”. “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada uno no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, ser tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir jamás la tiranía”.