Basil Bernstein
Lenguas empobrecidas
El británico
Basil Bernstein (1924-2000) fue uno de los intelectuales más
destacados del campo de la sociología de la educación.
Nacido en el este de Londres, se desempeñó tempranamente
como docente de las más dispares asignaturas: desde matemáticas
hasta mecánica del automotor, lo que le permitió acumular
una experiencia que -concluida su formación universitaria como
sociólogo y linguista- terminaría procesando hasta derivar
en la elaboración de una teoría sobre el lenguaje y
la sociedad.
A mediados de los setenta, con la publicación de la voluminosa
obra de "Clases, códigos y control", Bernstein redondearía
su concepción acerca del lenguaje que circula y se constituye
territorio de disputa en el ámbito escolar. Los conceptos de
"código elaborado" y "código restringido"
han sido por lejos los que alcanzaron mayor difusión al punto
de que sigan siendo citados por investigadores provenientes de la
sociología, la educación y la lingüística.
Al analizar el lenguaje de los estudiantes de los sectores populares
y de las clases medias advertía diferencias que eran el producto
de la división social del trabajo, del origen familiar y de
la relación que cada clase social entabla con el sistema escolar.
Para Bernstein, el lenguaje de los hijos de la clase trabajadora se
caracteriza por ser un código restringido. Tal restricción
o limitación se advierte en el hecho de que ese lenguaje depende
fuertemente del contexto y se caracteriza por ser particularista o
subjetivo. En la expresión tanto oral como escrita, el código
restringido sobreabunda en expresiones deícticas (aquellas
palabras que remiten al contexto: yo, aquí, ahora, este, ese,
aquel; que requieren de la situación comunicativa para completar
su significación) y subjetivas (es decir, no compartidas por
el resto de los hablantes). Se podría decir -para simplificar-
que es un lenguaje coloquial familiar del cual sus usuarios se ven
imposibilitados de salir para ingresar en el lenguaje escolar o académico.
El código restringido está directamente relacionado
con la inscripción de los sectores populares en la división
social del trabajo. No resulta casual, entonces, la existencia de
un código restringido para una clase social que está
directamente atada a la producción.
Los estudiantes de las clases medias, por el contrario, tendrían
un código elaborado -no dependiente del contexto y universalista-
que coincide con el lenguaje de una clase social que participa en
actividades administrativas, comerciales o profesionales.
De esto se deriva que mientras los estudiantes "restringidos"
naufragan en el aula y en su formación escolar -son los que
desertan en alguna de las etapas-, los "elaborados" navegan
como peces en el agua, en tanto que su habla y escritura coinciden
con las de sus maestros y las de su escuela.
La perspectiva de Bernstein se vincula con la de otro sociólogo,
Pierre Bourdieu, quien arriba a conclusiones similares al analizar
el sistema educativo francés en un libro también clásico:
"La Reproducción". Más allá de las
diferencias que uno y otro han advertido entre sus teorías,
lo cierto es que el núcleo de su reflexión revela que
el sistema educativo funcionaría no tanto como un instrumento
de emancipación o iluminación sino más bien como
un mecanismo de reproducción: deja pasar a quien ya poseía
un código elaborado y lo premia con titulaciones, e impide
la entrada a todo aquel que no hable/escriba como debe hacerse en
el universo cultural de la escuela.
La teoría de Basil Bernstein fue muy discutida. Y no sólo
por su carácter reproductivista sino más bien porque
algunos autores la han leído como un concepción prejuiciosa
de los trabajadores. Hablar de código restringido implicaría
deslegitimar el lenguaje popular. Bernstein se defendió en
numerosas ocasiones contra estas impugnaciones que pretendían
inscribir su pensamiento en una teoría del "déficit
cultural". Argumentaba que su intento pasaba por articular lenguaje
y clases sociales, para advertir que la división del trabajo
es la que produce estas desigualdades y no su teoría. Y que,
en todo caso, es la escuela la que deslegitima el lenguaje popular.
Al margen de la discusión, tales conceptos -código elaborado
y código restringido- ¿siguen siendo operativos? ¿Pueden
aportarnos algo como docentes en nuestra tarea en el aula?
No resulta fácil responder a estas cuestiones. De los setenta
para acá, la crisis social mundial y, particularmente la Argentina,
tienen como una de sus manifestaciones un creciente empobrecimiento
cultural y educativo. Para decirlo de otro modo: ¿dónde
estaría hoy el código elaborado? Si formuláramos
esta pregunta a los docentes que reciben a los ingresantes de la primaria,
el secundario, el terciario y el Ciclo Básico Común,
podríamos adelantar la respuesta. En ningún lado. Las
bajísimas competencias de los estudiantes -notorias hasta el
escándalo en el nivel medio y universitario- se revelan en
un lenguaje cada vez más restringido, dependiente de contextos
cada vez más reducidos -el grupo de amigos o la tevé-,
altamente subjetivo, notoriamente limitado a la hora de leer a un
libro, a un filme de alguna complejidad, a una exposición oral
que supere los tres minutos. Es decir, limitados para acceder a la
cultura. A los jóvenes de los sectores populares y de las clases
medias empobrecidas -leyes de educación, desocupación
y devaluación mediante- se los ha arrojado a este territorio
casi mudo, balbuceante, como si la cultura no les perteneciera o como
si, parafraseando una vieja publicidad, para pertenecer fuera necesario
disponer de todos los privilegios.